Google

¿CÓMO APRENDER A ESCUCHAR…?


Saber escuchar es un arte y requiere que se preste
atención a lo siguiente:
Conciencia: la mente se puede dirigir a un solo detalle a la vez,
por lo tanto, no podemos hablar y escuchar simultáneamente.
Hay que concentrar la atención visual y mental en la otra persona.
Foco: ser receptivo a lo que se está diciendo. Tratar de atrapar el
significado y el sentimiento de lo que el interlocutor dice.
Entrenarse en esta área nos ayuda a ser más
reflexivos, a no actuar impulsivamente y puede
ser una herramienta muy importante para el éxito.
La mayoría de la gente oye, pero son pocos los que escuchan.
La incapacidad, o falta de ganas, de escuchar es la causa principal de la comunicación deficiente.
Escuchar mal, significa que hay mala concentración. Lo cual puede significar que no hay interés en lo que se está escuchando.
Un índice importante de madurez emocional es saber escuchar.
Una persona de “primera” es cualquier disciplina es quien sabe escuchar.
Una persona que interrumpe siempre, probablemente está defendiendo una mente cerrada.
Las persona que no saben escuchar, o que no quieren hacerlo, mueven papeles, miran hacia otro lado, cambian de tema.
Las personas que SI saben escuchar, dejan de lado lo que están haciendo, miran a los ojos, le dan el tiempo que Ud. necesita.
Para tener éxito, hay que comprender. Para comprender hay que oír. Para oír hay que escuchar.
El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre los sabios morará. (Proverbios 15:31 RV)

EL ÁRBOL DE MANZANAS



Hace mucho tiempo existía un enorme árbol
de manzanas.
Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y él le daba sombra. Él amaba al árbol y el árbol amaba al niño. Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.
Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste: “¿Vienes a jugar conmigo?” pero el muchacho contestó “Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos”.
“Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero… Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera tú obtendrás el dinero para tus juguetes”. El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.
Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó: “¿Vienes a jugar conmigo?” “No tengo tiempo para

jugar. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?”… ” Lo siento, pero no tengo una casa, pero…tú puedes cortar mis ramas y construir tu casa”. El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario.
Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. ¿Vienes a jugar conmigo? le preguntó el árbol. El hombre contestó “Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?”. El árbol contestó: “Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”. El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.
Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: “Lo siento mucho, pero ya no tenga nada que darte ni siquiera manzanas”. El hombre replicó “No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar…Por ahora ya estoy viejo”. Entonces el árbol con lágrimas en sus ojos le dijo, “Realmente no puedo darte nada…. la única cosa que me queda son mis raíces muertas”. Y el hombre contestó: “Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años”. “Bueno, las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven siéntate conmigo y descansa”.
El hombre se sentó junto al árbol y éste, feliz y contento, sonrió con lágrimas.


Alguno de nosotros, podemos ver reflejados en esta historia. El árbol puede llegar a ser nuestros padres. Que cuando niños, los amamos y jugamos con ellos… y cuando crecemos los dejamos buscando nuestro camino.
Regresamos cuando los necesitamos o estamos en problemas…Pero ellos saben que la vida es así y siempre están allí para darnos todo lo que pueden para hacernos felices.
Tú puedes pensar que el muchacho es cruel contra el árbol, pero es así como nosotros tratamos a nuestros padres… Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado y si ya no están, que la llama de su amor viva por siempre en tu corazón y su recuerdo te dé fuerza cuando estás cansado…

Colaboración de: Alfredo Castañeda

“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.” Éxodo 20:12

EL AMOR


Un hombre fue a visitar a un sabio consejero y le comentó que ya no quería a su esposa y que pensaba separarse. El sabio lo escuchó, lo miro a los ojos y tan solo le dijo una palabra “AMELA”. Luego se calló.
Pero es que ya no siento nada por ella, replicó el esposo. “AMELA”, repuso el sabio.
Y ante el desconcierto del hombre, después de un breve silencio, agregó lo siguiente: Amar es una decisión, no es un sentimiento. Amar es dedicación y entrega. Amar es un verbo y el fruto de esa acción es el amor. El amor es un ejercicio de jardinería:
Arranque lo que hace daño, prepare el terreno, siembre, sea paciente, riegue y cuide.
Esté preparado porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvia, pero no por eso abandone su jardín. Ame a su pareja, es decir: acéptela, valórela, respétela, entréguele afecto y ternura, admírela y compréndala. Eso es todo. Ámela y recuerde:
La inteligencia sin amor... te hace perverso.
La justicia sin amor... te hace implacable.
La diplomacia sin amor.... te hace hipócrita.
El éxito sin amor... te hace arrogante.
La riqueza sin amor... te hace avaro.
La docilidad sin amor... te hace servil.
La pobreza sin amor... te hace orgulloso.
La belleza sin amor... te hace ridículo.
La verdad sin amor... te hace hiriente.
La autoridad sin amor... te hace tirano.
El trabajo sin amor... te hace esclavo.
La sencillez sin amor... te envilece.
La ley sin amor... te esclaviza.
La fe sin amor... te hace fanático.